
Cuando nos toca de cerca, es cuando realmente nos damos cuenta de los riesgos que sufren día a día nuestros mayores. Normalmente son hechos accidentales que se dan, por descuidos, imprudencias o simplemente obstáculos para la marcha diaria.
Es por ello, que en este artículo vamos a hacer hincapié, no sólo en el hecho de prevenir los accidentes, sino en evitar las caídas de la vida cotidiana.
Empecemos por llevar unas zapatillas que no sólo se nos ajusten bien a los pies, sino que tengan una suela antideslizante. En casa es conveniente eliminar los principales obstáculos como son, las alfombras arrugadas por riesgo de tropiezo, los cables sueltos o incluso los muebles mal colocados que interrumpan el paso; siempre sin olvidar que la luz es un factor importantísimo a tener en cuenta.
También es de suma importancia y puede que de las barreras arquitectónicas más frecuentes, los baños. Normalmente en las casas se disponen de bañeras, aunque es, más cómodo para el anciano, la ducha, si puede ser, a nivel del suelo, mucho mejor, pues no tendrían riesgo de caídas y si disponen de asideros, se sentiría más seguros.
La idea es que poco a poco vayamos tomando conciencia, de que según van pasando los años, y somos mayores, la eliminación de obstáculos, no sólo favorece la vida diaria, sino que evita complicaciones y males mayores, que sin duda, pueden afectar, de manera casi definitiva, a la salud de nuestros abuelos.
Además de los consejos anteriores, podría añadir una serie de recomendaciones muy importantes para velar por la salud de nuestros mayores.
Intentar siempre usar barandillas en todos los sitios donde se dispongan de ellas, escaleras, pasillos, etc..
A la mínima sospecha de que tiene que ayudarse con un bastón, visitar al médico y explicarle claramente sus dificultades.
No levantarse nunca demasiado rápido; debe de tomarse su tiempo, si lo desea, puede apoyarse durante unos minutos en el borde de la cama.
Una dieta saludable y la pérdida de peso en caso de estar un poco sobrepasado en el mismo, la realización de ejercicio físico, eso sí, caminar siempre despacio, al ritmo de cada uno, sin acelerarse y siempre con zapatos o zapatillas adecuadas, fortalece y mantiene el equilibrio, no olvidándonos nunca de que favorece el ritmo del corazón. Por último, siempre, siempre y lo más importante es acudir al médico cuando se empiece a notar una decadencia física, de equilibrio o simplemente de movilidad u otras dificultades.
Deseo que estos pequeños consejos no sólo sirvan para contribuir a tener un día a día mejor para nuestros mayores, sino a concienciarnos de que todos, con el tiempo, llegaremos a ser abuelos también, y que debemos, por todos los medios, darles la calidad de vida que se merecen. Ellos nos regalaron su tiempo y dedicación exclusiva gratuitamente, esperando, como única recompensa, un beso en la mejilla y un poco de atención.





